El núcleo de una célula contiene ADN y diversas proteínas necesarias para mantener el funcionamiento celular. A veces, el sistema inmunitario de una persona comienza a atacar las proteínas del núcleo al desarrollar anticuerpos antinucleares (ANA). Cuando están presentes en altas concentraciones, los ANA podrían indicar una enfermedad autoinmune como el lupus.
Muchas enfermedades autoinmunes pueden aumentar el riesgo de resultados adversos del embarazo, por lo que las futuras madres con síndrome antifosfolípido, lupus, artritis reumatoide y otros trastornos autoinmunes son consideradas embarazos de alto riesgo. Sin embargo, muchas personas permanecen sin diagnóstico de afecciones autoinmunes.
Fisiología
Los anticuerpos antinucleares son autoanticuerpos dirigidos contra proteínas "normales" dentro del núcleo de las células.
La presencia de anticuerpos ANA en pequeñas cantidades puede no ser un signo de enfermedades autoinmunes1 y puede fluctuar con el tiempo2.
Sin embargo, títulos elevados pueden indicar una enfermedad autoinmune como el lupus, la esclerodermia, la artritis juvenil, la hepatitis autoinmune, la enfermedad tiroidea autoinmune o el síndrome de Sjögren.
Datos clínicos publicados
Los ANA pueden desempeñar un papel en el embarazo temprano, así como en las pérdidas gestacionales recurrentes (PGR), al afectar negativamente el desarrollo embrionario3.
Los ANA se han detectado con mayor frecuencia en mujeres con PGR que en mujeres del grupo control4. También se asocian con resultados desfavorables en los ciclos de FIV/ICSI5. La positividad para ANA puede predecir una pérdida gestacional posterior6 en mujeres con PGR. De hecho, las mujeres con PGR y ANA positivos tuvieron un mayor número de pérdidas gestacionales y un menor número de embarazos posteriores exitosos que las mujeres con ANA negativos7.
Es importante señalar que las pérdidas gestacionales ocurrieron en mujeres positivas para ANA antes del embarazo y que permanecieron ANA positivas en el primer trimestre.
El embarazo en pacientes con AR se asocia con un mayor riesgo de complicaciones como RCIU (restricción del crecimiento intrauterino) y rotura prematura de membranas, con tasas que son de 1,5 a 2 veces más altas que en la población obstétrica general8.
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